UN GESTO DE AMOR
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Este es un rincón agradable y novedoso dirigido a los niños, niñas y adolescentes del mundo y en especial a los de habla hispana que deseen contar con novedades, notas de interés, juegos, imágenes y muchas cosas más acerca de los derechos de los niños.







TANTAS VECES PEDRO, JUANA, MIGUEL....
En los últimos días los periódicos y noticieros radiales y televisivos se han ocupado de presentarnos tristes y conmovedoras noticias de niños maltratados por sus propios familiares, retratando una vez más uno de los principales problemas que daña la vida de los niños, niñas y adolescentes.
El 14 de septiembre dos hermanitos fueron golpeados salvajemente por el conviviente de su madre, que es tan sólo un adolescente de 17 años. Al varón de 6 años le quemó la boca y el rostro con una cuchara caliente y a la niña le corto el rostro con la hebilla de su correa, el motivo es que se pusieron a jugar en vez de hacer las tareas
El 15 de septiembre Miguel de 8 años y con retardo mental severo es rescatado por la policía nacional en San Juan de Lurigancho de las manos de su propio padre -un hombre abandonado por su esposa y muy pobre- que lo golpeaba, y encadenaba mientras iba a trabajar. Sus hermanitos también fueron encontrados en estado de desnutrición y sin haber ido nunca a la escuela.
El 19 de septiembre la madre de una pequeña de 6 años le quemó la planta de su pie derecho, porque no hizo su tarea caligrafía.
El 22 de septiembre, otro niño de 6 años fue rescatado en Puente Piedra de la crueldad de su madre de 21 años que le quemo las manos con la sartén caliente porque tomo una figuritas de plástico de otro niño.
Estos son sólo algunos de los millones de casos que se dan tras las puertas de hogares pobres y no pobres, niños con golpizas de toda indole, maltratos sicológicos y abusos sexuales, propinados por sus propias familias. En estos casos fue posible la intervención de la policía nacional, la fiscalía y el Ministerio de la Mujer porque hubieron personas sensibles que denunciaron los hechos. Una de ellas fue la Profesora Hilda Perea Ochoa quien se percato de los golpes y quemaduras de los hermanitos golpeados el 14 de septiembre, quien haciendo uso de su autoridad como maestra y haciendo ejercicio de su autonomía como ciudadana y garante del derecho de los niños presento la denuncia contra la madre y su conviviente. En los otros casos los denunciantes fueron un vecino o una vecina que actuaron en legítima acción por la defensa de la vida de los niños.
Si bien Plan ha optado por la prevención de los casos de maltratos, la sensibilización de las familias y el fortalecimiento de los sistemas de protección, lo real es que día a día muchos Miguelitos, Pedros y Juanitas son golpeados, quemados, encadenados, ultrajados sin justificación alguna.
Acciones como el de la Profesora Hilda son dignos de elogio y emulación, y ameritan el mayor reconocimiento de todos nosotros. Plan no busca que los padres y adultos maltratadores llenen las cárceles del país, pero lo cierto es que muchos de ellos, después de estas denuncias, pensarán dos veces antes de levantar la mano contra sus hijos y niños a su cargo.
En lo que todos debemos cerrar filas es que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad como ser humano y ciudadano de proteger a nuestros niños (a todos ellos), con mayor razón si somos parte de una organización centrada en la niñez, por lo tanto nos compete ser parte del esfuerzo de ponerle fin al maltrato infantil, por más utópico que esto parezca. Una de las medidas es acabar con la indiferencia, fortalecer nuestra capacidad de indginación, y propiciar que cada poblador, líder o socio con el que trabajamos sea una voz de alerta frente a estos casos, un vigilante, un defensor, un promotor de los derechos de los niños. Los maestros son un contingente sumamente importante en esta gran tarea, así como los promotores y líderes de las organizaciones de base. Esta medida es efectiva cuando se trata de ser parte de un sistema verdadero de protección de la infancia, participativo, real y legítimo del cual todos seamos parte y el cual debemos construir poco a poco.
Rossana Mendoza Zapata